Un Umbral del tiempo en el estadio Carlos Iturralde

Imagina que subes una de las escaleras hacia la tribuna del estadio Carlos Iturralde y a casi a nada de llegar se te aparece un umbral que al atravesarlo te permite viajar al pasado y revivir los partidos de los Venados… ¿A cuáles pedirías regresar? ¿Cuáles goles volverías a festejar?

Yo lo cruzaría para vivir de nuevo la primera vez que estuve en el graderío apoyando a los astados. Era 1998, un año inolvidable, tenía los 12 cumplidos y mi papá me llevó después de tanta insistencia. Recuerdo bien que golearon al Zacatepec 4-1 y que en cada gol local ponían la canción del “Venao”.

También pediría regresar alguno de esos partidos de sábado en la tarde cuando no había planes de ir, pero unas horas antes se aparecía en mi casa un amigo de la secundaria con unos boletos de cortesía y cambiábamos la rutina para poder llegar al encuentro en el que, de ley, comía dos kibis y tomaba un par de refrescos.

Con gran emoción cruzaría el umbral para regresar a esa época cuando el nombre del equipo se cambió por un buen rato de Yucatán a Mérida. Recuerdo que en varias ocasiones fui con mis cuates de la prepa y nos metíamos a todo el desmadre que hacía la porra Ultrasol cuando dominaba al parte central de la tribuna oriente.

Moverse de un lado a otro entonando alguno de los cánticos, bajar corriendo las gradas cuando había gol de penal, ayudar a extender una banderota, alejarse cuando empezaba la reventadera de petardos y aguantarse la caída de cerveza con el temor que en una de esas sea orín.

Sin duda otra vez viviría esa final de ida en el Clausura 2009 ante los Xolos de Tijuana cuando se ganó 1-0 gracias a un penal anotado por el “Parejita” López; antes de gritar ese gol, me salí de clases de la Universidad para poder llegar a tiempo y creo hice cola por dos horas para ingresar al estadio.

Muchos tendrán mejores recuerdos que los míos como la final del 98, esa la vi en la tele, o momentos tristes como las derrotas en las finales de ascenso ante Curtidores y Querétaro, cuáles sean, lo importante es que la nostalgia a los Venados del pasado no se muera y le demos más vida con los Venados de hoy.

Es válido el castigo de la afición de no ir al estadio cuando el equipo no trasmite a las tribunas las emociones de la victoria, pero también es cierto que se extraña un Iturralde lleno, ese rugido que se forma cuando las voces desde todas las gradas gritan al mismo tiempo ¡gol!

Los Venados de hoy son un equipo que se esfuerza y quizás necesiten ver en las tribunas a gente que viste como ellos la misma camiseta cuando están luchando por el balón en todas las zonas de la cancha, quizás necesitan un poco de esto, de su gente, de una afición más allá de la fidelidad de las porras para regresar a las victorias inolvidables.

Los venados tienen historia en el fútbol mexicano, sin importar los cambios de administración, directiva o jugadores, es una historia que no merece una afición de  villamelones en liguilla, merece una afición que abarrote las tribunas y apoye sin importar el resultado.

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