¿Y si los educamos? Autor: Mario Pineda

Columna: Señor Aficionado


A unas horas de que se premie a lo mejor del futbol internacional, México fue sede de una de las peores cosas que existen en este deporte, un acto de violencia hecho por dos grupos de personas, que, agrediéndose entre ellos, creían defender el honor de los equipos que protagonizan el Clásico Regio.


La cosa ocurrió así, para quienes no han visto los videos, gente con la playera de los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León y con la vestimenta de los Rayados de Monterrey comenzaron una pelea callejera y cuando estos últimos “contraatacaron” dieron alcance a uno de los primeros para surtirlo de golpes y patadas que te abren camino al panteón; por suerte terminó grave en un hospital.


Antes de continuar quiero aclarar una cosa, digo “grupos de personas” y “gente con playera”, porque quienes tienen ese comportamiento entorno al futbol no merecen ser llamados aficionado, son meros delincuentes ensuciando uniformes de equipos, digamos, parásitos de las tribunas.
Por el hecho autoridades de Nuevo León, directivos de los equipos involucrados y de la Liga MX llegaron a diferentes puntos de acuerdo para evitar la violencia; por ejemplo, prohibir el acceso a los estadios a quienes participaron en la riña y convocar a evitar expresiones de odio que propicien la violencia.


También, prohibir las caravanas a los estadios y la asistencia a cualquier barra visitante… ¿Y si además de prohibir, evitar y cerrar puertas también se propone educar? Es muy difícil que el fanatismo radical se cure en algunos ya “creciditos” pero sí creo que se pueda evitar que los niños sean futuros miembros de esta corriente.


La verdad no está demás que los grandes, que sí saben disfrutar el futbol, enseñen a los pequeños a ser buenos aficionados, a hacerles entender que pelear por un equipo es de lo más estúpido por no decir pendejo. A enseñarles a discutir quién es el mejor, pero que esto no defina amistades; que se vale celebrar en la cara de los demás, a reírse de algún error en la cancha, pero también a aguantar cuando te toque ser el triste o el aficionado de ese equipo que no la está pasando bien en el partido.


Quizás muchos ya lo hagan o andan en el intento y se les agradece, ojalá las autoridades en sus mesas de trabajo se olviden un poco de la palabra prohibir y piensen que al violento en los estadios no hay que contenerlo, hay que desaparecerlo en las futuras generaciones.

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