Dos minificciones ajedrecísticas
“¿Y el caballo?”
Aunque su rey sigue de pie, Carlos ya se siente vencido. Sin darse cuenta, cuando estaba a dos saltos de traspasar líneas enemigas, un viento de la nada abatió el galope de su caballo y éste fue arrojado hacia un lugar desconocido. Carlos, sumamente molesto, en medio de los espadazos de peones, flechazos de unos violentos alfiles y el devastador avance de las torres, reclama a la creadora de ese golpe huracanado.
—¡Tu hijo se robó a uno de mis caballos! —Grita Carlos a su hija.
—Papá, es un niño, por ahí lo debe de tener. —Responde la mujer.
—¡Es un malcriado, ya le dije que mi ajedrez no se toca! —Vuelve a levantar la voz.
—Ya, cálmate, usa una tapita o una piedra como caballo. —Es lo último que dice la mujer antes de salir de la casa con su hijo.
Carlos no quiere que su ajedrez pierda la dignidad, antes de suplir una de las piezas por cualquier porquería, prefiere que la siguiente carta a enviar, en vez de tener el movimiento de su turno, diga al contrincante que no puede seguir la partida por correspondencia, debido a problemas de salud.
Zagrek juega con blancas
El jaque mate es un hecho. Zagrek, Gran Maestro en retiro, está a un movimiento de regresar a los tableros con una victoria. Solo tiene que avanzar su alfil sobre una diagonal abierta para llegar al cuadro que de inmediato apunta al corazón debajo de la corona.
Todos los presentes miran con atención, nadie quiere perderse ese momento cuando derrote con autoridad a un colega suyo y más joven. Zagrek mantiene el codo derecho apoyado en la mesa y la mano en la frente, posición en la que observa cada región de la partida, pero antes de confirmar la inutilidad defensiva y mover, el veterano jugador detiene el análisis de su ataque final al ver que la blancura de sus piezas se derrama en todo el tablero.
La mancha blanca se desborda de la mesa y cae al piso para luego también cubrir a todo el público. Zagrek se levanta y observa lo blanco por todas partes, color que le provoca desconocer todo. Una ceguera total, no se da cuenta de una persona parada a su lado, quien escribe en la etiqueta de un frasco de vidrio para vacuna “Dosis completa: 3 horas efectivas”.
–Recordó como jugar, recordó su nombre, recordó que es Gran Maestro. Lamentable que el efecto del tratamiento termine a un movimiento de ganar. Vamos por buen camino, unas pruebas más y el alzhéimer, nos hará los mandados-, dice el doctor a sus otros compañeros reunidos en el área de análisis y ordena a un par de enfermeros llevar a Zagrek a la sala donde está la televisión.
El autor de ambos textos es Mario E. Pineda Quintal



