El trato a la labor periodística en la sede del Mundial de Fútbol Qatar 2022

El trato a la labor periodística en la sede del Mundial de Fútbol Qatar 2022

(Foto: Flickr)

Qatar se encuentra a unos meses de recibir a miles de personas de diferentes países para disfrutar del Campeonato Mundial de Fútbol y entre ellas arribarán varios reporteros con el objetivo de dar cobertura a este evento.

Aunque su labor será meramente enfocada a lo que suceda en los estadios, algunos de estos comunicadores seguramente lanzarán una mirada crítica al entorno de esta nación asiática en búsqueda de una crónica que coloque al balón en un plano secundario.

¿Podrán ir más allá de los estadios y sus hoteles para lograr esto en un país que no tiene entre sus principales características la libertad de expresión?

Si tomamos en cuenta la ficha de Qatar en el informe sobre la Clasificación de Libertad de Prensa 2022 de Reporteros de Fronteros (RSF), quizás los periodistas deportivos solo podrán informar sobre lo ocurrido en los campos de juegos del Mundial de Fútbol. 

La clasificación posiciona a la pequeña nación, fronteriza con Arabia Saudita, en el lugar 119 de 180 estudiadas. Su marca en el mapa de RSF es naranja, esto quiere decir que es una nación donde el quehacer periodístico enfrenta una “situación difícil”.

En su panorama mediático, los grandes titulares dan prioridad al emir, cargo del máximo gobernante, y sus actividades. En esta agenda participa Al Jazeera, una de las cadenas televisivas más grandes del mundo árabe y muy conocida en el resto del mundo.

“Los periodistas locales tienen un margen de maniobra muy reducido frente a un arsenal jurídico represivo y un fuerte sistema de censura del que fue víctima el sitio web de Doha News, cerrado en 2016”, dice el informe.

Qatar es uno de los países que solucionó el enfrentamiento a voces críticas con la aprobación de una ley de ciberdelitos, que tiene entre sus principales disposiciones castigar las “noticias falsas”.

A primera vista parece aceptable, pero en su práctica el gobierno termina decidiendo si lo informado es real o noticia falsa; en caso de lo segundo, el autor del contenido periodístico termina enfrentando un proceso penal encaminado a la censura. 

Varios comunicadores han sido encarcelados o desterrados de la nación por la “difusión de información falsa”, pero curiosamente, en la víspera del mundial esta nación registra cero periodistas asesinados y mismo número de presos.

Cuando un país es sede de un Mundial de Fútbol, tiene dos obligaciones: que su selección ofrezca una destacada participación ante su gente y también garantizar la comodidad a miles de visitantes.

Mientras ruede el balón en los modernos estadios de la nación petrolera, quizás lo dicho por RSF “quede como una mentira” con el fin de consentir a quienes eternizarán el campeonato en sus reportajes, pero tras la final es muy probable que el trato a la prensa regresa a su represiva normalidad.

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