En el “Alonso Diego Molina”

En el "Alonso Diego Molina"

Una tarde nublada rodea al estadio “Alonso Diego Molina”, en punto de las tres de la tarde la actividad futbolística regresará a su cancha con el partido Venados de Yucatán contra Yalmakan FC de Quintana Roo.

Es la primera vez que estoy en esta instalación deportiva a la entrada de la comisaría de Tamanché, perteneciente a la capital yucateca. Para llegar a ella solo avanzas unos cuantos kilómetros sobre la carretera Mérida-Progreso hasta encontrar la desviación al poblado.

Como yo, algunos aficionados no temen a la amenaza de lluvia y van escogiendo sus lugares en las gradas que abarcan toda la parte oeste del estadio y tienen una capacidad para dos mil 500 personas.

Minutos antes del silbatazo inicial se siente la localía. Al unísono se escucha desde el vestidor de los astados el grito de “Vamos, vamos Venados, esta tarde tenemos que ganar” y ¡uno, dos, tres, Venados!  El equipo visitante responde con el mismo conteo pero cierra con su nombre. Son los rituales que abren el camino hacia el césped.

Los jugadores entran a la cancha formados en fila india y en medio de ellos unos niños llevan la bandera que indica que el partido a iniciar es un juego de la Tercera División Profesional del futbol mexicano, para ser exactos es la jornada 16 del grupo 1.

El balón rueda. Venados ataca durante los primeros minutos de juego, quiere un marcador de madruguete pero en dos ocasiones el grito de gol se queda estancando y se escuchan los lamentos de la afición local. No hay estadio lleno, pero tampoco vacío, familiares y amigos de los jugadores en el campo de juego son la porra distribuida en algunas zonas de la grada.

Los locales pierden el dominio de la pelota y Yalmakan impone el ritmo de juego pero se quedan a centímetros de consolidarlo. En una sola jugada impactan en dos ocasiones los postes y además el portero local está atento a que las redes a su espalda solo sean movidas por el viento.

El primer tiempo finaliza con el marcador en ceros y es momento de atender la sed y el hambre. La atención pasa de la cancha al puesto de tortas y a la nevera cervezas, mientras algunas personas se quedan en las gradas a la espera del segundo tiempo.

Poco a poco la afición va regresando a sus lugares con lo comprado y a su vez los jugares se colocan en sus respectivas posiciones en el campo. El silbatazo del segundo tiempo viene acompañado de los gritos de ¡Vamos Venados! ¡Vamos deportiva!

Tal como ocurrió en la primera mitad, Venados arma jugadas de peligro que la defensiva visitante va rechazando hasta que empiezan las dificultades en la media cancha y Yalmakan vuelve a generar peligro, pero nadie domina, hay juego en el que el balón no se pinta de amarrillo como el uniforme local ni de azul como el de los visitantes.

Mientras continúa el juego empatado a la grada llega un ventero esperado. – ¡Kibero, el partido inició a las 3! – grita uno de los aficionados al joven que trae consigo los antojitos que no pueden faltar en los estadios de Yucatán, los polcanes, famosamente conocidos como “piedras”.

Con cebolla o sin cebolla, con picante o sin chile, son pedidas las bolitas de masa que se venden cinco por bolsita. Algunos piden kibis o gorditas negando o aceptando el aderezo, buena venta sin duda.

Un aficionado sabe que el local necesita sentir el apoyo de su gente y solo empieza a gritar ¡Venados! ¡Venados!, su pasión por el equipo es compartida por más voces, la gente quiere gol, la gente quiere victoria para el equipo de casa.

Es el minuto 69. Leonardo Quiroga, quien entra de cambio como movimiento estratégico del técnico Arturo Espinoza, desborda por la banda izquierda encontrando el momento preciso para ejecutar una diagonal retrasada a Juan Pablo Ruíz, quien dispara a portería. Venados de Yucatán ya gana. La afición celebra el único gol del partido y se hace constante el grito de ¡Venados! ¡Venados!

Hay jugadas para una segunda anotación que se quedan en un ¡ya merito! que dan esperanzas a Yalmakan de regresar el empate al marcador pero la desesperación por la cercanía del último silbatazo puede más que alguna idea para repartir puntos finales. Los azules hacen un mal saque de manos y no aprovechan una portería desprotegida.

Los árbitros acuerdan cuatro minutos más de juego, a la afición no le parece y se escuchan chiflidos aislados exigiendo el final. el equipo visitante no encuentra por dónde anotar, Venados cierra espacios. El cuarteto agregado, por algunas faltas que necesitaron de asistencia médica y el reclamo de la afición por la falta de tarjetas, se cumple y Venados de Yucatán obtiene su decimosegunda victoria de temporada.

Como todos los finales de un partido, gradas y campo poco a poco se van abandonando hasta quedar la soledad que comparte ambos espacios que solo aficionados y jugadores la desaparecen en honor al deporte.

Mario E. Pineda Quintal

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